
De la expresión y el diseño de autor a las nuevas formas de transformar una prenda.
Visitar esta muestra de indumentaria se sintió casi como hacer un viaje en el tiempo. Vestir Mundos, la exposición que presenta actualmente el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, propone mirar la historia del diseño argentino para preguntarnos cómo nos relacionamos hoy con aquello que vestimos.
La muestra explora el diseño de indumentaria como una práctica capaz de transformar los espacios que habitamos y reúne el trabajo de creadores que, a lo largo del siglo XXI, fueron desbordando los límites tradicionales de la moda frente a distintos desafíos sociales, ambientales y productivos.
A partir del archivo de Fundación IDA —Investigación en Diseño Argentino—, junto con obras de diseñadores y piezas incorporadas a la colección del Museo, Vestir Mundos pone en diálogo diferentes maneras de producir y de pensar la indumentaria: la recuperación de oficios, el trabajo con comunidades artesanas, colectivos urbanos y cooperativas, la experimentación con materiales naturales y biomateriales, y la transformación de prendas y materiales existentes.
Pero hay algo que atraviesa muchas de estas experiencias y que me interesa especialmente: la necesidad de volver a pensar cómo hacemos las cosas cuando las formas conocidas dejan de alcanzar.
Y esa pregunta no pertenece solamente al pasado.
Hoy también atravesamos un contexto de transformación y crisis que vuelve a poner en discusión la producción local, el consumo, los materiales, los oficios, la identidad y nuestra relación con la ropa.
Por eso, para entender por qué estas preguntas vuelven a cobrar protagonismo, vale la pena mirar un poco más atrás. Porque muchas de las discusiones que hoy tenemos alrededor del diseño, la identidad, la reutilización y las formas de producir indumentaria no aparecieron de un día para otro. Tienen una historia.

Vestirse como forma de expresarse
En Buenos Aires, la historia reciente del diseño de indumentaria está profundamente relacionada con los cambios culturales y sociales de las últimas décadas.
Con el regreso de la democracia en 1983 comenzó una etapa de apertura y recuperación de espacios de expresión que habían sido restringidos durante los años anteriores. En ese contexto, la ropa empezó a ocupar también un lugar como lenguaje.
Un momento significativo fue la primera Bienal de Arte Joven, donde jóvenes artistas y diseñadores cruzaron indumentaria, arte y performance. La prenda dejó de aparecer solamente como objeto de moda o como producto para ser consumido y comenzó a funcionar como una forma de comunicación. En las calles empezaron a verse prendas alejadas de la estandarización, muchas veces realizadas o intervenidas por sus propios usuarios.
Pocos años después, esa necesidad de pensar la indumentaria desde otro lugar también llegó a la universidad.
En 1988 comenzó a gestarse la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil en la FADU-UBA, que inició sus actividades en 1989. Su creación reunió profesionales provenientes de diferentes disciplinas y recibió estudiantes con recorridos diversos, vinculados al arte, el vestuario, la arquitectura o el diseño gráfico. Esa diversidad fue parte importante de la identidad que fue adquiriendo la disciplina.
La indumentaria empezaba así a consolidarse como un campo de diseño con herramientas, conocimientos y preguntas propias.

Cuando una crisis también transforma las maneras de crear
Si hay un momento que resulta imposible dejar afuera cuando hablamos del diseño argentino contemporáneo es la crisis de 2001.
La crisis económica y social tuvo un fuerte impacto sobre la industria textil y la posibilidad de consumo. Pero, al mismo tiempo, produjo un escenario en el que muchos diseñadores comenzaron a buscar otras formas de producir, comercializar y desarrollar sus proyectos.
El diseño de autor encontró entonces un espacio particular.
Frente a la producción masiva, comenzaron a ganar visibilidad propuestas que ponían el foco en la creatividad, la identidad y la construcción de una estética propia. Palermo se convirtió en uno de los espacios donde muchas de estas propuestas encontraron un lugar para mostrar y comercializar sus prendas.
La situación económica también llevó a mirar de otra manera los materiales disponibles. Las prendas existentes, los descartes, los materiales industriales y los oficios comenzaron a incorporarse a los procesos creativos.
Lo interesante de Vestir Mundos es justamente que permite ver cómo esas búsquedas continuaron desarrollándose durante el siglo XXI y adquirieron nuevas formas. La exposición muestra prácticas que recuperan oficios y saberes, trabajan con comunidades y organizaciones colectivas y experimentan con materiales naturales, biomateriales y diferentes formas de transformación.
La crisis, entonces, puede ser entendida como uno de los momentos que aceleraron determinadas búsquedas, pero la pregunta por cómo producir y cómo vestir continúa abierta.

Moda y diseño: ¿hablamos de lo mismo?
Esta historia también nos lleva a una discusión más actual.
La investigadora y comunicadora especializada en moda Carmen Asenjo propone pensar una distinción entre las marcas que producen moda y aquellas que construyen propuestas de diseño. No se trata, según aclara la propia autora, de una clasificación académica, sino de una herramienta personal para ordenar aquello que observa dentro de la industria.
En un extremo aparecen las propuestas más vinculadas a las tendencias: observar qué se usa, interpretar rápidamente esas señales y llevarlas al mercado. En el otro, aquellas que parten de una idea, una investigación, una mirada o una identidad y utilizan el diseño para desarrollar una propuesta propia. En estas últimas, la exploración de las formas, los textiles y las estampas puede tener tanto peso como la prenda terminada.
La distinción no pretende dividir el universo de la indumentaria en dos categorías cerradas. Hay muchos grises y muchas maneras de trabajar. Pero la pregunta resulta interesante porque nos obliga a pensar desde dónde comienza una prenda.
¿Comienza en una tendencia que queremos reproducir?
¿En una necesidad del mercado?
¿En un material?
¿En una técnica?
¿En una historia?
¿En una idea que queremos comunicar?

Diseñar desde lo que tenemos
El contexto actual agrega otra dificultad.
La industria argentina de indumentaria se encuentra frente a una enorme oferta global y a productos que llegan al mercado con escalas de producción difíciles de igualar. En ese escenario, competir únicamente por precio resulta particularmente complejo para las propuestas locales.
Entonces aparece una pregunta que me parece especialmente interesante:
¿Qué podemos decir desde nuestra indumentaria que tenga que ver con nosotros?
La respuesta que propone Asenjo pone en el centro la identidad: nuestras historias, nuestros materiales, nuestros descartes, nuestras técnicas, nuestros saberes y nuestro contexto. No como una obligación de representar “lo argentino” de una única manera, sino como una posibilidad de encontrar fuentes de inspiración que no sean necesariamente las mismas que utiliza cualquier otro lugar del mundo.
Y acá la historia vuelve a encontrarse con el presente.
Porque diseñar desde lo propio no significa solamente crear una prenda desde cero.
También puede significar mirar de otra manera aquello que ya existe.
Una camisa que dejó de usarse. Un jean con una mancha. Una remera que perdió su lugar en el guardarropa. Un retazo. Un descarte textil. Una tela que quedó de otro proyecto.
Todos esos materiales pueden ser considerados solamente residuos. Pero también pueden convertirse en puntos de partida.

De consumir ropa a intervenirla
Hoy hablamos mucho de upcycling, reutilización y moda circular. Son conceptos necesarios para pensar nuestra relación con la ropa, pero también podemos preguntarnos qué sucede cuando dejamos de ser solamente consumidores y empezamos a involucrarnos en la transformación de aquello que usamos.
Intervenir una prenda puede ser una forma sencilla de comenzar.
Cambiar su color. Modificar su superficie. Agregar una estampa. Combinar diferentes fragmentos. Experimentar con una técnica. Desarmar para volver a construir.
En ese proceso aparece algo que me interesa especialmente: la posibilidad de recuperar una relación más activa con la ropa.
No se trata solamente de prolongar la vida útil de una prenda. También se trata de desarrollar una mirada propia sobre ella.
Y ahí la técnica deja de ser solamente una herramienta para producir un objeto. Se convierte en una herramienta para pensar.

La estampa como una forma de diseñar
Desde Crear en Tela trabajamos hace años con la serigrafía y el diseño textil. Enseñar a estampar no significa solamente aprender cómo preparar una matíz , aplicar tinta o imprimir sobre una tela.
También significa descubrir que una superficie puede transformarse y que una prenda existente puede convertirse en soporte para una idea.
Una estampa puede cambiar completamente la percepción de una prenda. Puede contar una historia, comunicar una identidad, experimentar con una imagen o simplemente permitirnos hacer algo con nuestras propias manos.
Por eso me interesa pensar la serigrafía dentro de un campo más amplio: como una herramienta de intervención y creación textil.
Aprender una técnica puede ser el primer paso para dejar de mirar la ropa como algo terminado.

Aprender para crear
Quizás una de las ideas que atraviesan toda esta historia sea la de hacer.
Hacer cuando no había espacios para expresarse.
Hacer cuando la industria atravesaba una crisis.
Hacer cuando los materiales disponibles eran limitados.
Hacer para construir una identidad propia.
Y hacer también hoy, cuando tenemos acceso a una cantidad enorme de prendas, imágenes y tendencias, pero justamente por eso puede resultar más difícil encontrar una voz propia.
Lo que muestra Vestir Mundos es que el diseño de indumentaria puede ser mucho más que la creación de objetos para vestir. Puede involucrar memoria, identidad, comunidad, territorio, materiales, oficios y nuevas formas de producción. Puede hablar de pérdidas y reconstrucciones, tanto colectivas como personales.
Y quizás por eso estas preguntas vuelven a tener tanta fuerza en el presente.
Porque los contextos cambian, pero algunas preguntas permanecen:
¿Qué hacemos con lo que tenemos?
¿Cómo queremos producir?
¿Qué saberes queremos conservar?
¿Qué nuevas formas podemos aprender?
¿Y qué queremos decir a través de aquello que ponemos sobre nuestros cuerpos?
Conocer la historia del diseño de indumentaria en Buenos Aires nos permite entender que muchas de las prácticas que hoy recuperamos —experimentar con materiales, intervenir prendas, trabajar con descartes, recuperar oficios, producir localmente— forman parte de una historia mucho más extensa.
La diferencia es que hoy podemos elegir conscientemente qué lugar queremos ocupar dentro de ella.
Tal vez transformar una prenda que ya existe sea una pequeña acción. Tal vez aprender a estampar también lo sea. Pero ambas pueden abrir una posibilidad: pasar de preguntarnos solamente qué ropa queremos comprar a preguntarnos qué podemos crear con la ropa que ya tenemos.
Y quizás ahí haya una forma posible de construir diseño desde nuestro propio lugar.
Conocer la historia nos permite entender que transformar una prenda no es solamente reciclarla. También puede ser una forma de diseñar, de expresarnos y de construir identidad.


Para seguir explorando
Fuentes y referencias
- Vestir Mundos — Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Información oficial de la exposición
- Carmen Asenjo – Viva la Moda. “¿MODA O DISEÑO? El dilema de la indumentaria actual”. Viva la Moda
- Chiesa, Cirelli y Sicilliani. Buenos Aires es Tendencia: Diseño de Indumentaria en la era Digital. Editorial Sudamericana.